Menos Es Más

mesa con ordenador,móvil y clips

¿Crees que necesitas una web para que tu emprendimiento despegue?

¿Consideras que ese curso lo necesitas imperiosamente para aprender de una vez por todas todo lo necesitas para materializar tu negocio?

¿Te atreverías a contarnos cuál es el porcentaje de los libros leídos y aplicados en alguna plataforma digital o la librería de tu casa?


Muchas veces pensamos que tenemos que hacernos con un montón de cosas antes de emprender; también durante. A ver, un buen micrófono y una buena cámara para hacer vídeos son importantes. Y, por supuesto, un ordenador que no se te apague cuando lleves dos minutos con los dos pepinos que te he mencionado antes, pues también.

Es bien sabido por los entendidos en el tema de la grabación, que un vídeo que se vea un poco regular, el público te lo pasa, pero que se oiga mal, te alertan que es motivo de abandono seguro.

Luego, ya que no estamos en una cueva, un par de focos decentes y otro para la parte de atrás que quite las sombras, estarían genial. Ahí puedes hacer acopio de todas las lámparas que tengas por casa. Hombre, hacen algo, pero también a ver cómo conjugas la variedad de tonalidades de las bombillas. En fin.

Cursos, ¡uff!, otras tantas carreras de inversión. Curso para aprender a hacer vídeos, de marketing, de copywriting, de plan de negocio… y unos cuantos más de la misma temática.

A veces, se hace casi enfermizo. La tarjeta echa humo. Y no sabes por qué te entran unas ganas tremendas de comprártelo todo. El curso de éste, el del otro, el libro aquél, esta lámpara, aquel soporte, otro disco duro…

Para nada te digo que pares de comprar tantas productos o servicios, sino que aproveches lo que adquieras.


¿De dónde viene todo esto?

La historia tiene solera porque se remonta allá a la Era Industrial, para mediados del siglo XVIII, principios del XIX. Era la época del invento de la máquina de vapor, la revolución industrial, el surgimiento de las ciudades y las fábricas donde los campesinos emigraban de forma masiva a las ciudades en busca de un sostén de vida.

Las cadenas de montaje de las grandes fábricas necesitaban mucho personal, serían los campesinos que ahora eran operarios. Podrían estar trabajando muchísimas horas, en condiciones muy precarias y miserables con tal de poder optar a comer cada día y tener un techo donde vivir. Eran pobres, así que el poco excedente que tenían era un auténtico lujo.

Aun no se conocía la pirámide de Maslow pues contar con las necesidades básicas era una auténtica proeza. Sólo se necesitaba hacer lo que te pedían que hicieras en el tiempo estipulado. Aparecieron los estándares de producción, los horarios y todo aquello que hiciera aumentar el capital. De ahí que apareciera el capitalismo.

Había mucha oferta de personal, luego si no servías, te echaban a la calle y cogían a otro operario pues venían de los pueblos por oleadas. Así que, no quedaba otra que acatar lo que dijera el patrón y trabajar sin descanso.

Por eso, el poder adquirir alguna cosa, era un logro pues tenían escasos recursos. De ahí que surgiera esa necesidad de tener cosas, de consumir bienes y productos materiales. Nació el materialismo.

¿Te suena? Estoy hablando de hace un montón de tiempo y, en muchos lugares, aún sigue dando coletazos a día de hoy.

Ahora, ¿entiendes por qué hoy en día surge esa necesidad imperiosa de hacernos con un montón de cosas? Lo que pasa es que ya no es una cuestión de necesidad porque afortunadamente las tenemos cubiertas y nos preocupa mucho más el bienestar de nuestra persona que el bientener.

Pero no creas que me he perdido ni que esto no va contigo.


La retahíla de cursos adquiridos

Vuelvo a ese arsenal de formación de la que hablábamos antes.

¿Cómo te implicas en los cursos que adquieres, en los libros que compras, en los seminarios a los que asistes?

Dicen de una estadística que no es más del 3% las personas que terminan los cursos hasta el final. Luego, que los pongas en práctica es otra cosa.

Más que nada porque la inmensa mayoría empiezan por las temibles preguntas incómodas del tipo: *¿por qué quieres emprender? *¿cuáles son tus valores? *¿para qué?

Ostras, pues anda las veces que me he replanteado esas preguntas… ¡Y las que me quedan! Siempre descubro algo nuevo.

Pues ya te digo, amigo, que no es suficiente. Es más, vas a tener que formulártelas de vez en cuando en tu vida. Y en tu emprendimiento, más a menudo.

A ver, tu propósito o tu misión puede que no cambie, pero tus valores van acordes con las circunstancias que vivas en ese momento. No vas a ver el mundo cuando estás sólo, sin pareja, a cuando tienes hijos. Cambian tus valores.

En mi caso, llevo tres meses con la página. Tres meses con el compromiso de aportar valor en forma de artículos escritos en el blog y vídeos en Youtube.

Telita. No es moco de pavo.

Hazte a, todas las semanas, hablar de algo que sea útil e interesante. Y mejor que vaya dirigido a un público objetivo para ser más concreto y relevante. Más que nada por ir encauzando el marketing de tus productos y servicios poco a poco.

¿Te ha pasado alguna vez que te has dado cuenta de que has entendido algo que lo has escuchado infinidad de veces? Se te queda la cara de panoli que no veas. Lo que puedes hacer es escuchar y tomar acción y adaptarte a una nueva salida de tu preciada zona de confort.

El caso es que, superado ese primer trago, viene el segundo cuando te pones manos a la obra. Ahí es cuando dices: “vale y ahora, ¿qué hago?”

Aggg, increíble. Te entra una parálisis existencial fulminante. Te empiezas a cuestionar a la velocidad de un rayo por qué narices haces lo que haces, y para qué realmente estás pasando por todo esto, y desde cuándo te has dado cuenta de que lo estás haciendo de aquella manera y cómo te has estado escaqueando todo este tiempo.

Qué poco nos vemos. Qué poco nos valoramos. Qué poco nos miramos.

Somos personas que nacen, crecen, (bueno, sí, se reproducen) y luego mueren.

A ver, repito: crecen. Crecen. Crecemos. Todos. Hasta que nos morimos.

Entonces, si cuando vuelves a ver a un bebé después de tres meses, reconoces con admiración lo mucho que ha crecido y avanzado en su vida, tú que estás todos los días de tu vida (como si de un matrimonio se tratase), ¿por qué no reconoces que tú también estás creciendo en tu emprendimiento?

¿Qué que eres más sabio que antes y que tu conciencia no es la misma que entonces?

¿Por qué crees que has de dar por impepinables los valores y principios que rigen tu vida y emprendimiento, a aquellos que apuntaste aquel día de hace, no tres meses, sino hace más de tres años, cuando compraste con fe ciega aquel cursito que te prometía conocer cuál era tu propósito en la vida y respondiste aquellas preguntas?

Es como pasarse toda la vida con los valores que tenía aquel chico- chica de 18 años, inmaduro, que no había salido de su casa, sin volver a cuestionarlos.

Te miro, pestañeando unos segundos a modo de aleteo de paloma posada en el alféizar de la ventana.

Amigo, amiga, estamos a 21 de octubre de 2019 y lamento decirte que, lo siento, has crecido desde entonces.

Asistir a esa infinitud de conferencias de Youtube cuando ibas en el coche, en las comidas y las cenas desplazando totalmente a los inmortales presentadores de noticias, en la ducha, limpiando la casa, leyendo, hablando del tema, y si emprendes con tu pareja no te digo ná…

Todo eso está dando sus frutos.

Te aseguro que un poco loco terminas, pero lleno de amor. Amor por el emprendimiento.

Y esto no se termina, siempre quieres más. Y más y más y más. Quieres saber más, preguntarte más, conocerte más, cuestionarte más.

Jamás pensé que, después de los muchos cursos comprados para aprender a emprender, haya pasado un maravilloso fin de semana cuestionándome, haciéndome las preguntas trascendentales que me sé de memoria pero que nunca habían calado tanto como esta vez.

Te lo pueden decir mil veces, pero si no es tu momento, como quien oye llover. Así que, ríndete porque no te va a servir de nada. Esforzarte, obligarte, disciplinarte. Uff, qué tiempo perdido.

Aunque también te digo que no tengo muy claro de si realmente, que alguien te lo cuente, te ayuda a pasar el camino. Está claro que te digan “no pongas la mano en el fuego, que te quemas” te viene bien para que no te pase. Pero hay ciertas cosas, sobre las más trascendentales, que te tienen que calar en su debido momento, ni antes ni después.

Ya puedes ir a cursos, leerlo por activa y por pasiva, que la travesía por el crecimiento personal en el emprendimiento es impepinable y no te vas a saltar, te pongas como te pongas. Es más, sucede cuando sucede y punto.

Entonces, si estás leyendo esto, [email protected], me da a mí que esas preguntillas un poco impertinentes te andan pululando y quieren ser repensadas de nuevo.

Quizá te ha llegado el momento de que te calen estas preguntas.

Así que, te animo a que lo veamos juntos. Escríbeme.

Yo, no sólo te encauzaré a que desveles tus más profundos deseos emprendedores, sino que también confirmarás tu propósito vital, el por qué ostras te metes en esto, y tu misión social, tu para qué lo haces.

Consigue una cita y lo resolvemos.

Esperar sólo va a retrasar tu vuelo. Hazlo ahora.

Con amor,

Bárbara.