Técnica Infalible Para Dejar De Procrastinar

chica sonriendo feliz

¿Eres de aquellas personas que apagan el despertador y se dan la media vuelta?

¿Tienes un montón de ideas y ni las escribes en un cuaderno porque no tienes tiempo?

¿Sueles prometerte una y otra vez: “el lunes, sin falta, empiezo”?

1. Déjate de contarte historias

Porque lo de dejar las cosas para después tiene más trasfondo del que parece.

Déjate de ponerte verde, de si la pereza te puede, de si realmente la chaqueta de un guardia se queda en puntillas al lado de ti, de si no tienes madera de…

Déjate de chorradas y, como dicen por ahí, cuéntate verdad.

Dite la verdad. Busca las razones por las cuales has tomado la determinación de dejar para después aquello que te vendría genial hacer.

Párate a reflexionar por qué motivo sucumbes a las insinuaciones boicoteadoras de tu mente maravillosa. Indaga los motivos por los cuales has tomado la decisión de no hacer aquello que realmente va a suponer un cambio beneficioso en aquello que estés haciendo.

En mi caso personal, me di cuenta de que no avanzaba en mi negocio porque pasaba de encorsetarme en un horario autoimpuesto. Si tenía una clase o una cita con otra persona sí que asistía, por supuesto, pero a la hora de quedar conmigo, llegaba tarde, mal o nunca. No me estaba respetando a mí misma.

Esto de emprender es más mental que otra cosa porque, con eso de que dependes de ti, de que no tienes que dar parte nada más que a ti, te pierdes con una facilidad pasmosa. Así me pasó durante años.

He de reconocer que aún me descarrilo, pero ahora soy más consciente de todo lo que pierdo cuando no hago lo que tengo que hacer. Me doy cuenta de la cantidad de tiempo que pierdo si no me organizo el día siguiente.

Como soy bastante propensa a escaquearme de mí misma, me he preparado un kit de supervivencia.

Cada día paso lista cada 8 horas de todo lo que tengo apuntado en la agenda. Sí, a modo de pastilla al canto. Y cada noche me organizo cómo será el día siguiente.

Hago acopio de qué voy a hacer en el tema profesional, personal y también emocional. Me hice una plantilla para ello porque he visto que a mi cerebro le mola poner un tic cuando he hecho algo. Si quieres que te la pase, escríbeme y con mucho gusto te la comparto.

Un tic verde. Así es como si me estuviera diciendo: “Verde, puede usted pasar”.

He de reconocer que siempre me he contado muchas excusas. Que no tengo tiempo, que tengo que hacer esto antes, que no me apetece, que no tengo ganas…

2. ¿A quién quería engañar?

Soy una persona muy prudente. Siempre me he dejado llevar por mi intuición y cuando he olido que no tenía que estar en un sitio, resonaba en mi cabeza aquella canción de “¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste?”.

No hacía falta que esta frase se repitiera muchas veces, yo me largaba.

En cambio, resulta que no era tan perspicaz para cuestiones más banales. Me di cuenta de que, excepto en momentos de supervivencia, más bien lo que hacía era caer una y otra vez en la misma piedra.

Por ejemplo, quería levantarme a una hora y apagaba el despertador. Como lo ponía que volviera a sonar cada 5 min, podía llegar a apagarlo hasta 20 veces. Después, me levantaba con la cabeza como un zumborrio.

El cabreo conmigo misma era del 15. Luego desayunaba una buena ración de autocrítica y frustración que no hacían más que paralizarme literalmente.

(De hecho, fíjate si aún sigue haciendo mella porque estaba escribiendo y me he levantado. Y lo que iba a ser 3 minutos han sido 15 minutos. ¿Qué te parece?)

3. Bárbara empezó a contarse verdad

Sí, me dije: “Pero a ver, amor mío, ¿por qué narices lo dejas para después?¿Qué tal si respiras hondo, te centras y superas esas ganas irrefutables de distraerte con una mosca? Sí, recordamos a tu madre que siempre lo decía: “Bárbara, te entretienes con una mosca”.

Entonces Bárbara empezó a contarme

“Claro, pero es que, ¿te has parado a ver la magnificencia que hay en una simple mosca? Su trompa, sus alas, su vuelo… ¿No ves que es absolutamente maravilloso?” Bárbara seguía desviando la pregunta una vez más.

¿Y todo por qué? Porque a Bárbara le daba miedo brillar.

Ostras, es que así la iban a conocer y ella siempre había sido tan recatada…

Puede que hubiera mostrado su lado más extrovertido, pero ella sabía que todo no lo mostraba. Que siempre había una parte que se reservaba para ella. Aquella parte en la que no se podía acceder; que ella no te dejaba acceder.

Bárbara soñaba en grande

A ver, ella siempre ha tenido un sexto sentido impresionantemente desarrollado. Desde niña, ha tenido bien claro aquello de que

Todo aquello que se puede imaginar, puede hacerse realidad

Fue testigo de como esa magia se hacía palpable. Nunca se retractó de sus palabras. En todo caso guardó silencio. También se asustó. Creyó que si seguía imaginando, pensando en grande, iba a ser la rara. Como si fuese desplazada por su familia, por sus compañeros de clase, por la sociedad.

Tenía miedo de las repercusiones que esto pudiera acarrear. Estas historias eran del todo inusual.

Fueron muchos años viviendo así. Pero ahí estaba latente el deseo de triunfar, de expandir al mundo lo grande que ella era, todo aquello maravilloso que tenía dentro. Quería superar eso. Entendió que lo que le pasaba era que tenía miedo al éxito.

Bárbara se puso manos a la obra

A ver, qué hay que hacer para erradicar esta lacra porque, más allá de dejar la idea de dejar un legado honorífico de ayuda a los demás en mi paso por este mundo, más que nada, lo que quiero es irme en paz de esta vida. Más que nada por la cuenta que le trae al espíritu que venga después.

Ella afirmaba: “Lo hago por amor al pobre espíritu que venga después a reencarnar mi alma porque le va a tocar resolver todos los entuertos que deje sueltos en esta vida. Por amor a mi próximo yo, voy a morirme en paz”.

Y, ¿cómo se hace eso te preguntarás?

Pues, viviendo intensamente esta vida con un propósito, con un sentido. No quiero estar después en mi lecho de muerte lamentándome de no haber hecho en esta vida lo que de veras he querido hacer. No quiero haber pasado de puntillas por esta vida.

¿Capisci? Pues eso.

Vale, bien.

4. Dime cómo se hace, please

Pues mira. Yo soy muy sencilla. Para enrevesados los problemas de construcciones de la carrera, pero no. La sencillez aclara las ideas, colorea el alma, hace fácil lo difícil.

Necesito cosas claras, rápidas, eficaces y efectivas. Y cuando conocí esta técnica así me lo pareció. En un principio, hasta llegué a pensar que no iba a funcionar. Mi mente siempre tan alentadora…

Para superar mi historia con el despertador, incorporé en mis mañanas la:

Técnica del 1 al 5.

Muy sencilla.

Consiste en, cuando suene el despertador, contar del uno al cinco y levantarte. Así de simple. De este modo, estás enfocando al cerebro a que se ponga a contar en vez de estar diciéndote “date la media vuelta”.

Como me conozco, ya me veía que, lo primero, ni me iba a acordar de contar y, lo segundo, (esa mente tan perspicaz que tengo) seguro que era más que capaz de decirme por debajo de las cuentas “venga, termina de contar que nos damos la media vuelta pero ya”.

¡Menuda es!

Pasé de ella. Ni corta ni perezosa me la fabriqué para mí. Me construí mi propia alarma.


canción venga amor

Me lo puse de alarma y vaya que si me levanté al día siguiente. ¡Como un resorte!

¡Ostras, cómo sonaba eso a las 6 de la mañana! Con tal de que no me escucharan los vecinos, ¡vaya que si me levanté! Y me levanto.

Mi sino es:

Grandes problemas, grandes soluciones.

Soluciones bárbaras para problemas bárbaros.

¡Ea! Y tú, ¿qué haces tú por ti?

¿Cómo te rescatas de ti mismo?

Cuéntame en comentarios cómo lo haces y si quieres dejar de sucumbir a tus deseos más oscuros y sufrir en tus carnes los maravillosos beneficios de darle una servidora a Ud. los buenos días, no esperes más, consíguela gratis aquí ahora.

No te digo más.

Por la cuenta que te trae, te deseo que te vayas antes a dormir. Tempranito ;)

Si empiezas bien el día, ¿cómo crees que te va a ir el resto?

Con amor,

Bárbara.